Como de costumbre el autor, antes de volver con la situación de Joe en hospital, escribe sobre la vida del joven antes de la guerra, específicamente en las vísperas de año nuevo, con las cenas familiares y las noches que pasaba con su amada Karen, al finalizar el relato, regresamos al hospital donde se encuentra Joe, triste y sollozado en la oscuridad, diciendo sí mismo, Feliz Año.
En el siguiente
capítulo, Joe se percata que la rutina de su aseo personal había sido antes de
lo habitual. La enfermera lo arreglo, lo peino, cambio sus sabanas y almohadas.
Joe estaba a la expectativa de la razón de la anomalía en la rutina, quedando
totalmente inmóvil a la espera de lo que sucedería. Poco tiempo después, Joe
sintió las vibraciones provenientes de un grupo de personas que entraban a la
sala donde él se encontraba postrado he inmóvil. Lo primero que pasó por su
cabeza es que era su familia; su madre, sus hermanas y su amada Karen, al
pensar esto se llenó de alegría, sin embargo, ese sentimiento fue efímero, ya
que él no quería que sus seres queridos lo vieran en tal horrible condición. Joe
se agitó en un intento desesperado por evitar el encuentro.
Sintió en su frente una mano pesada como de un hombre, que lo calmaba. Seguido
sintió un tirón y una sacudida en la camisa para luego sentir un objeto pesado
en su pecho. Ahí cayó en razón de que eran oficiales militares y lo estaban
condecorando con una medalla. Joe, entro en rabia, ya que recordó lo mucho que
perdió para recibir ese pedazo de metal; y lo peor, ser condecorado por
generales que no tenían ni una tan sola herida de guerra, que podían
desplazarse donde quisieran y eran capaces de, hablar, oír, ver y oler.
Al sentir de nueva cuenta las vibraciones de los oficiales al marcharse, Joe se calmó, luego se dio cuenta que las vibraciones eran un medio sensorial que él podía usar para exteriorizar sus pensamientos. Recordó cómo se comunicaba con su amigo Bill Harper por medio de código morse. El empezó a balancear su cabeza, moviéndola de tal manera para generar un código morse, SOS, SOS, SOS. Pero la enfermera no comprendía el mensaje y se limitó a ponerle su mano en la frente para calmar su angustia. Joe después de varios minutos desistió ya que su cuello no daba para más.
Los capítulos siguientes relatan la tarea de Joe, ahora con una pequeña esperanza de que alguien pudiese entenderle por medio de código morse; todos los días efusivamente mueve su cabeza, sin embargo, la enfermera no se da cuenta de las intenciones del pobre hombre. Día tras día, Joe deja de lado sus pensamientos, sus otras maquinaciones, su único objetivo es que alguien atienda la llamada de socorro. Joe incluso pensó que la enfermera lo tenía cautivo a propósito.
Un día un médico lo viene a revisar, Joe pensó que la enfermera había puesto en aviso al médico de la conducta recurrente de él. Cuando el doctor lo examinaba, Joe no dejaba de balancear su cabeza, luego el médico tomo la decisión de inyectarlo para sedarlo, pero Joe seguía y seguía agitando la cabeza. Al final sucumbió ante la droga, pero entes de desvárense, Joe dice: “Por ahora ganas, pero no podrás hacerlo siempre”.

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